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Bamako


Los Salesianos llevaban cuatro años en Malí. Las dos comunidades se asentaban con más o menos éxito en sus respectivos lugares.

En Bamako existía un Centro de Formación Profesional fundado en los años 50 por un padre Blanco carismático, el Padre Bruno Michel, con una inclinación muy marcada por la educación, y la formación técnica. El era técnico electricista, y quiso poner en marcha una institución de Iglesia que garantizara la formación técnica, humana, y religiosa de los alumnos. Ese Centro formó una generación de técnicos que ocuparon lugares destacados en la administración y las empresas malienses. El Centro Père Michel era una referencia. El único Centro de formación profesional Técnica que dirigía la Iglesia en el país, y uno de los pocos que existían en la época.

El Padre Bruno Michel marchó a Niamey, Níger en 1979. Allí murió en 1981 después de haber fundado otro centro de Formación Profesional.

Los Padres Blancos habían heredado esta iniciativa que no estaba directamente relacionada con su carisma, y al saber que los salesianos estaban establecidos en el Malí, les propusieron ocuparse de este centro profesional que comenzaba a ser un problema para ellos, más llamados a la primera evangelización que a la formación técnica.

El entonces inspector, Don Miguel Asurmendi, recibió la propuesta directa de los Padres Blancos a raíz de su visita en 1984. El vio que esta opción ofrecía la posibilidad de diversificar el trabajo salesiano en Mali, en una institución que respondía directamente a los objetivos del carisma salesiano. Entonces se decidió la creación de una nueva comunidad. Hacía falta más salesianos. De forma que se lanzó la propuesta a toda la inspectoría. Fueron seleccionados tres salesianos; Francisco Silvestre, que suspiraba con ir a Mali desde hacia varios años; Valerio Zudaire, experimentado ya en lides de trabajo en centros profesionales, y con una reconocida capacidad de improvisación que había de ser muy útil posteriormente.



Guillem Tortosa era el tercer componente de esta expedición 1984. Discreto y meticuloso secretario inspectorial, buscaba nuevos horizontes lejos de los despachos de la calle Sagunto, donde había dado pruebas de eficacia y buen hacer.

Estos tres salesianos fueron enviados a Francia, a la Navarre, escuela profesional situada no lejos de Toulon. Allí pasaron varios meses en el aprendizaje de la lengua francesa. Sobre esta estancia hay anécdotas muy sabrosas que no se pueden relatar aquí por falta de espacio.

Fue en 1985 cuando los tres “nuevos” llegan a Malí. Paco Silvestre es enviado a la escuela de Bambara, regentada entonces por el Padre Blanco José Morales, con quien mantuvo una profunda e intensa amistad. Paco se distinguió allí como en todos los lugares por donde pasó, por sus inmensas cualidades que contamos en otro lugar.


El Centro Père Michel era una referencia



Cuando acabó el curso 84-85, y con él la estancia en la Navarre, con lo que nuestros buenos salesianos quedaban oficialmente capacitados para la utilización de la lengua francesa en cualquier lugar y condición, fueron envidados solemnemente a Malí, en lo que sería la tercera expedición de grupo de la inspectoría de San José.

Aquellos refuerzos supusieron alguna adaptación en las diferentes comunidades. Alberto, Pepe Guillén y Valerio Zudaire fueron enviados a Bamako, al “Centre Père Michel”. La comunidad de Sikasso, que había quedado reducida a Gabriel Larreta con este cambio, fue reforzada con Paco Silvestre y Miguel Gambín, quien dejaba a Tuba después de cuatro años de luchar con la lengua (el Boomu, Bore, Bobo, o como se le quiera llamar,) y comenzaba el aprendizaje de otra lengua distinta, tan distinta de la anterior como el finlandés del catalán. Guillén Tortosa cubría el hueco que dejaba Miguel en Tuba.

Así se iniciaba una nueva etapa en la presencia salesiana en Malí.

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