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Sikasso


Sikasso era muy diferente a Tuba. Aquella era una parroquia rural, de gran dispersión y extensión. Esta, una parroquia urbana, dirigida por los padres Blancos desde 1948 después de una interrupción de 20 años (1929-1948)

Situada en una encrucijada de caminos, la ciudad de Sikasso tenía su historia. Hasta 1898, fecha en que fue tomada por una columna del ejército francés, Sikasso había sido la capital del reinado Senufo del Kenedugu. Poseía murallas que rodeaban completamente la ciudad, y la preservaban de ataques enemigos. La muralla tenía un perímetro de más de 20 km. En su base sobrepasaba los dos metros de anchura en algunos lugares. Su altura era de cuatro metros. La particularidad de esta muralla era de haber sido construida enteramente en adobe. Suficiente para los fusiles de Samory, el guerrero islamista que la asedió en 1888 pero tuvo que abandonar, frustrado, ante las inexpugnables fortificaciones. Pero demasiado frágil ante los cañones de campaña del ejército francés de 40 mm, los cuales abrieron pronto una brecha en la muralla. Los tiradores senegaleses se encargaron del resto. Todavía hoy se pueden ver en una colina próxima a Sikasso la tumba del capitán y oficiales franceses, a un lado, y a otro, la fosa común donde fueron enterrados centenares de cadáveres de guerreros y gentes de la ciudad. Pero volvamos a nuestra historia.



Los primeros componentes de la comunidad de Sikasso eran Gabriel Larreta, Alberto Serrano, y José Guillén, como queda dicho en líneas anteriores. Gabriel Larreta tenía experiencia internacional, conocía varias lenguas, y ya había recorrido mundo. El era el director de la comunidad. Con 55 años, se sentía capaz de aprender las lenguas que le echaran. Alberto, que entonces contaba 39 años, venía de la comunidad de Cabezo de Torres, donde todavía se le recuerda con cariño. Profesor de francés, no tenía excesivas dificultades con el francés de cada día. Pepe Guillén que había estado mucho tiempo en la comunidad de Burriana, dejaba detrás una larga trayectoria de trabajo con los scouts, y muchos antiguos que le recordarán durante mucho tiempo, y le apoyarán en varios proyectos en los que él intervino.

Para empezar, nada de trabajar. Seis meses de aprendizaje de la lengua bambara. No sólo aprendizaje de la lengua, sino de todo lo referente a la cultura y tradiciones africanas. En definitiva, hacer el esfuerzo de comprender un mundo con muchas capas profundas, y ante el que no cabe más que una actitud humilde, respetuosa, atenta y receptiva.

Después de seis meses en Falajé, la escuela de lenguas entonces dirigida por el P. Charles Bailleul, nuestros flamantes diplomados en lengua bambara se dirigen a Sikasso.



Allí les espera una parroquia de unos 2000 cristianos, con algunas aldeas periféricas en las que se encuentran a algunas familias cristianas inmersas en un mundo musulmán o de religión tradicional, a las que hay que seguir, cuidar, y ocuparse.

La ciudad era y es centro comercial y de comunicaciones, pues se encuentra cercana a la la frontera de dos países vecinos; a 105 km de la frontera de la Costa de Marfil, unida por una carretera de la que quedaban escasos vestigios del asfalto que un día la cubrió. En el lado de la cosa de Marfil la situación era peor. El tramo de “carretera” que unía Pogo, en la frontera, con Korhogo, ciudad importante en la que se reanudaba el asfalto, tenía agujeros en los que podía esconderse materialmente una camioneta. Hay fotografías al apoyo. No se trata de exageraciones.


Los salesianos tuvieron un largo aprendizaje



Las comunicaciones con el entonces Alto Volta no eran mejores. Una pista de 45 km hasta la frontera, sometida los caprichos de la climatología, es decir, con inmensos agujeros en la estación de lluvias, pero llenos de agua. En la estación seca, sin agua. Buenas o malas, esas eran las comunicaciones de la época. Una central de teléfonos mecánica “garantizaba” aproximadamente las comunicaciones. La central eléctrica tenía un misterioso plan de conexiones a los diferentes barrios, que nunca respetaba. Una forma de adivinar cuándo no te tocaba la corriente, era de mirar el plan. Cuando te anunciaban corriente tenías la seguridad que esa noche tocaba sacar las velas.

El agua…. Eso era peor. La infraestructura ideada por los franceses en los 5o, preveía una ciudad de 30000 habitantes. Sikasso tenía entonces unos 80000, y las infraestructuras no habían sido mejoradas. Además, las sequías de los años 70 habían disminuido seriamente los acuíferos. Eso se traducía en colas interminables de niñas, muchachas y mujeres delante de los pozos que funcionaban. Los Salesianos pidieron inmediatamente una ayuda a Misereor para profundizar el pozo, y construir un depósito de 2000 litros que era el punto donde el barrio se abastecía en agua. Eso suponía una procesión diaria de cubos, voces infantiles y juveniles, risas…. Una ocasión para entablar relaciones y darse a conocer.

Los salesiasnos tuvieron un largo aprendizaje que realizar antes de tomar directamente la responsabilidad de la parroquia.

No fue hasta 1983 cuendo les fue remitida oficialmente la dirección de la parroquia. Los principios no fueron fáciles. Había una historia precedente, un estilo de hacer las cosas. “Esto se hacía así” era una frase que oyeron con frecuencia.

Los salesianos llevaron durante 10 años la parroquia de Sikasso. En 1994 se centraron en la Dirección del Centro Saint Jean Bosco, y dejaron la parroquia en manos del clero diocesano.

Aquella fue otra historia que contaremos más adelante.
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