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Joaquín Cardenal
RECUERDOS DE LA FUNDACIÓN EN MALI

Nuestra inspectoría se ofreció al Rector Mayor para participar en el “Proyecto Africa” y se nos propuso elegir entre cuatro naciones: “Chad; Guinea Conakry y Togo. Nosotros no conocíamos nada de ellas, pero elegimos Togo porque al estar junto al mar pensábamos que podían favorecer las comunicaciones y el envío de ayudas. Pero coincidió nuestra petición con la que hicieron las inspectorías de Córdoba y Sevilla que actuarían unidas para su participación en el Proyecto Africa.

En el curso de una reunión se abordó el tema, y don Santiago Sánchez, Inspector de Sevilla, nacido en Castilla, pero impregnado de sal andaluza hasta los huesos, nos dijo con cariño, y abierto al diálogo: “Nosotros, o Togo o na”. Como en Valencia estábamos abiertos a cualquiera de las cuatro naciones propuestas, decidimos elegir Mali.

Pienso que fue un gran acierto. Nación muy pobre, gente buena, sencilla, en donde los misioneros Padres Blancos y Hermanas Blancas estaban trabajando poniendo todo el corazón, quienes se alegraron muchísimo al ver que íbamos nosotros.

De ellos recibimos un gran apoyo moral, mucho aliento. Se aprobó ir a Mali y se empezó a trabajar.

Se nos comunicaron las diócesis del Mali en las que los obispos habían pedido nuestra colaboración. Fueron las cuatro siguientes:

- Monseños Sidibé, obispo de Ségou
- Monseñor Perrot, obispo de San.
- Monseñor Cissé obispo de Sikasso.

Nosotros pensábamos en un principio abrir una sola presencia para iniciar nuestras obras e ir adquiriendo experiencia. Nos pusimos en contacto con los obispos y fueron al Mali el inspector y el vicario inspectorial.

Nuestra inexperiencia nos llevó a realizar un viaje que nos trajo muchas complicaciones y que no volvimos a repetir. Elegimos el vuelo Madrid - Argel - Bamako. La estancia en Argel estuvo plagada de dificultades.

Al llegar a Bamako nos llevó a Ségou el Abbé Paul, un sacerdote nativo encargado de la escuela de Catequistas de Dobwo, en la diócesis de San. En Ségou nos recibió Monseñor Sidibé en su residencia, una casa sencilla al lado del río Níger.




Allí nos hospedamos. Recuerdo que aquella noche pasamos muchísimo calor.

Y que a las 4 de la madrugada nos despertaron las voces de los “Muecín” que llamaban desde las mezquitas próximas a la oración.

Otra impresión difícil de olvidar fue el hallazgo de un escorpión en la ducha en el momento de ir lavarse.

Bajamos a la capilla, muy sencilla, en el que pudimos leer un letrero en francés en el que iba escrito: “La Vida es Vida de mi vida”.

Aquello nos hizo pensar en el origen de la fuerza que necesitaba aquel obispo para vivir en un ambiente musulmán como aquél. Aquella fue la primera catequesis que nos dieron. La vida de su vida, su fuerza era la Eucaristía.


“La Vida es Vida de mi vida”



Nos indicaron que lo mejor sería que nos levara el “abbé” Paul a san, ya que Monseñor Perrot debía marcharse de viaje, y convenía que habláramos con él cuanto antes.

Así pues, nos marchamos enseguida a San. El “Palacio” del obispo era quizá como deberían ser todos los “Palacios-residencia” de los salesianos. Recibimos la segunda fuerte catequesis. El protocolo de la recepción a nuestra llegada fue sencillo, cordial, humano, cristiano. El obispo estaba duchándose y salió a recibirnos envuelto en una toalla. Todo fue cordialidad. Nos encontrábamos como en casa. Por la noche participamos en una tertulia sencilla que el inspector apenas podía entender debido su nivel de francés. El vicario no se encontraba en forma, y tuvo que retirarse antes.

 
Al día siguiente nos dirigimos a Tuba, donde tenía lugar una reunión de misioneros españoles que trabajaban en Mali y Burkina. Por aquellas fechas solían encontrarse unos días. Hablamos con ellos en toda confianza, y nos dijeron su parecer. Nos orientaron y opinaban que ir a Tuba era un gran acierto.

Quien se mostró particularmente interesado en el proyecto, fue Don Jesús Martínez, padre Blanco navarro, por entonces párroco de la Misión de Mandiakuy, distante a 22 km. de Tuba.

No tomamos ninguna decisión, pues todavía habíamos de visitar dos diócesis más, pero aquella misión nos gustó.

A continuación teníamos que ir a Sikasso para hablar con Monseñor Cissé, Estovo acogedor y para concretar cuál podría ser nuestra labor en Sikasso, decidió visitarnos en nuestra inspectoría y poco después así lo hizo. En Sikasso estaban los Padres Blancos llevando la Catedral. Había una escuela en aquella misión, muy cerca de la que había de ser nuestra residencia.

Después de la visita a Sikasso, nos dirigimos a Ségou, en donde estuvimos hablando con el obispo, Monseñor Julien Sidibé. Este nos presentó un amplio abanico de posibilidades que se ofrecían en su diócesis.

A la vuelta, nuestro corazón estaba partido. Teníamos que tomar una decisión, pero esto era difícil, dada la enormidad de la tarea. Se sopesaron las posibilidades, y se decidió que para evitar un aislamiento que podría restar eficacia, convendría hacer dos fundaciones para iniciar nuestra presencia. Pero ¿dónde?




Se tuvieron las reuniones necesarias, y finalmente la decisión fue clara y rápida. Las tres diócesis nos necesitaban, en las tres nos querían, pero no veíamos igualmente clara nuestra misión en cada una de ellas.

Nos decidimos finalmente por Tuba y Sikasso.

Tuba: parroquia muy necesitada, con sesenta poblados que visitar, y que había quedado siete años sin párroco. Necesitaba atención pastoral urgente.

Sikasso: Parecía un camino muy acorde con nuestra manera de hacer apostolado en la inspectoría, y con el obispo a nuestro favor, pues había visitado prácticamente todas las comunidades de la inspectoría. Esto le permitía tener una idea clara de nuestro carisma y estilo de hacer las cosas.

Aunque con mucha pena, debimos renunciar a Ségou, pues la propuesta de trabajo no nos pareció suficientemente clara.

Decidido ya el campo de trabajo, restaba elegir los miembros que compondrían las comunidades de Tuba y Sikasso. Ramón Moya, Javier Bereau y Miguel Gambin compusieron la comunidad de Tuba. La de Sikasso estaría formada por Gabriel Larreta, Alberto Serrano y Pepe Guillén.

Monseñor Cissé presidió la ceremonia de envío el 23 de Octubre de 1981. Al día siguiente marcharían los miembros de la comunidad de Bamako. Un mes después lo hicieron los de Tuba.

Años después abríamos la comunidad de Bamako, que los padres blancos habían fundado. En el acto de homenaje a su fundador, el Padre Bruno Michel, el Arzobispo de Bamako dio las gracias a los salesianos por haber aceptado el relevo.

Joaquín Cardenal
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